En regiones aspiramos a que las decisiones públicas que nos afecten sean tomadas con nuestra participación y por autoridades elegidas por nosotros. El proceso de regionalización tiene ese fin. Para avanzar y concretar la descentralización es indispensable la independencia informativa y cultural de la metrópoli.
Como periodista y funcionario público, tanto en la Oficina de Planificación Regional como en la Dirección de Turismo y ahora como Concejal he sido testigo de los esfuerzos de múltiples actores por avanzar en el proceso. Es más. He participado en él y como Secretario Ejecutivo de Orplan Biobío y Presidente de la Comisión Regional de Reformulación Comunal, hemos tenido ingerencia directa.
Los decretos leyes que dieron inicio formal a la regionalización del país y el rol ámbito geográfico de las comunas de nuestra región tienen algo del aporte que hicimos en este campo.
Por lo expuesto y con cierta autoridad reiteramos lo que manifestamos en reciente reunión de los regionalistas penquistas: La Regionalización, se encuentra entrampada por una cultura centralista, vehiculada por la concentración mediática de periódicos y revistas, cinco Canales de TV de cobertura nacional y cadenas de radio cuyos mensajes y temas surgen, se pautean y distribuyen desde Santiago influyendo y formando opinión en todo el país.
Se trata de una colonización mental y cultural que no solo es implementada los medios de circulación nacional sino que les permite concentrar en ellos el 98% de la publicidad del país.
Planteamos la necesidad de una severa autocrítica frente a nuestra estructura mediática. A la actitud de no preferir y privilegiar los medios de comunicaciones locales sin perjuicio de exigir en estos prioridad en el debate público.
Hacemos, por tanto, un llamado al sector privado, que se nutre en las regiones, a publicitar en diarios, revistas y canales locales. Quienes trabajan para ellos, y acá viven o los favorecen, requieren el robustecimiento de una conciencia regional. A los lectores, oyentes y televidentes invitamos también a preferir nuestros mensajes. Y a los líderes locales a discutir los temas de interés público, reclamando de nuestros medios su incorporación a una cruzada regionalista que otorgue a los hechos, actores y personeros locales, clara preeminencia sobre situaciones, puntos de vista y debates ajenos a nuestra idiosincrasia e interés regional.
La independencia cultural de la metrópoli facilitará descentralizar el poder ejecutivo, el sector privado, los Partidos Políticos, la concentración económica, liberando al quehacer municipal de la falta de recursos y trabas administrativas que lo aprisionan. Ello hará posible el crecimiento armónico y equitativo que el país desea. Crecer con igualdad ¡de verdad¡


Qué bueno!!!
Hace poco terminé de dictar un taller de habilidades para la gestión de instrumentos de fomento productivo. Uno de los temas críticos fue, como lo es desde hace mucho, la desconcentración. Pero hubo algo que me llamó poderosamente la atención. ¿Cuánta responsabilidad hay en las propias regiones por esto? Uno de los problemas es que paradojalmente, las regiones son exigentes en pedir la desconcentración, y en la práctica el comportamiento real tiende a perpetuarla. Esto crea un círculo vicioso, porque termina imponiéndose una errada idea de las verdaderas capacidades de regiones en el ámbito central. Entonces, parece que la exigencia se quedara sólo en el discurso y, por ende, el poder central (privado o público) actúa en consecuencia, manteniendo la centralización y desconfiando de las capacidades regionales.
Es una reflexión que nace de observar esta realidad en todo el país. Es importante que las regiones se empoderen, pero efectivamente, que hagan sentir sus capacidades en la práctica y jueguen con reglas de igualdad dentro de sí mismas.
No se puede exigir si a la vez se llora. O lo uno o lo otro, pero no ambas a la vez. Júntense y armen territorios, creen y descubran sinergias y empodérense para hacer de las regiones entes más viables política, social, económica y psicológicamente.
La primera desconcentración hay que hacerla en uno mismo.
Un abrazo fraterno
Haroldo Miranda