Presentación

La labor de un dirigente gremial conlleva la de opinar, orientar e informar.   Los ciudadanos requieren opinión que los oriente e información que aclare sus inquietudes. 

No es fácil el contacto personal.   Tiempo y espacio conspiran para ello.   Los medios, por su parte, dan noticias.   Informan lo que consideran de interés  general.   En cuanto a orientar u opinar tienen sus propios agentes y secciones como Cartas al Director, no parecen ser suficientemente apreciadas por los lectores.   En Radio y Televisión los espacios de opinión están reservados a líderes nacionales salvo en los medios locales, cuya audiencia es menor.

Si bien, en lo personal, contamos con espacios creemos no compartir suficiente material con quienes servimos y que les facilite asumir opinión en torno a múltiples situaciones y temas que preocupan a la opinión pública local.

Esa es la razón de este Blog.   A las amigas y amigos que compartan nuestras opiniones y comentarios le invitamos a participar con sus comentarios o Contactándome.   Y a los medios que estimen el caso utilizar este material como fuente de noticia o comentario, que lo hagan.   Contribuirá a la finalidad antes indicada.

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EL DEBATE EN LOS MEDIOS

Enviado por Christian Paulsen Espejo-Pando el 05/09/2011 a las 12:11 AM
Christian Paulsen Espejo-Pando

El tono que ha adquirido el debate político nos retrotrae a la década de los 60 y comienzo de los 70 en que las ideas, proyectos y discusiones de altura cedieron lugar a expresiones y contenidos que devinieron en la crisis que el país vivió.

 

No solo fue la clase política la que se enzarzó en la suerte de arañazos e improperios que derivaron en la interrupción del sistema político que nos regía. Fueron las instituciones y personas que, insertos en una sociedad en proceso acelerado de descomposición, evidenciaba, a través de los medios, el nivel de degradación a que había llegado la comunicación al punto de interrumpirse absolutamente.

 

Hoy observamos el inicio de un proceso similar con la diferencia  que en este interviene de manera directa la población, sin intermediarios, volcando en las redes sociales toda la bilis que poseemos con el agravante del anonimato y la impunidad, haciendo de inocentes blogs, creados para intercambiar visiones, cloacas receptoras del submundo que campea hasta “en las mejores familias”.

 

So pretexto de la probidad y transparencia se revelan conversaciones privadas y se ventilan  opiniones de personeros subalternos creando suspicacias y recelos donde no debía haberlos. Y lo que es peor, sacando de contexto intervenciones realizadas al calor de la improvisación para permitir afirmar  la existencia de contradicciones y falsedades donde nunca las  hubo  e insertando, en el inconciente colectivo, un error de concepto difícil de revertir.

 

Nos parece por tanto necesario para la salud de la convivencia social resguardar un punto de encuentro en el que se respeten las reglas. Un cuadrilátero en el que rijan y se observen las normas del “Marqués de Queensberry” y en el que  “árbitros y jueces ilustrados y probos” diluciden adecuada y reservadamente  el comportamiento de cada cual.

 

Adscribo a la teoría de la Responsabilidad Social de La Prensa en la que esta, a través de los medios que la tecnología pone a nuestra disposición, le permita erigirse en un  estadio en el que la información fluya libremente, con respeto a las personas, con equilibrio y simultaneidad en los hechos contradictorios que presenta, en que las opiniones vertidas pertenezcan a los actores y en que la inteligente y profunda investigación de los profesionales de la comunicación, los periodistas, garantice la idoneidad de los instrumentos que aportan las ideas en conflicto.

 

 

 

 

 

 

 

Los diarios, radios y canales no pueden transformarse en receptáculos de twitters o facebooks cuyo origen y confiabilidad  es difuso y precario. Los medios, para cumplir a cabalidad su misión, tienen que tener credibilidad, la que se obtiene mediante la intervención profesional, no sesgada, oportuna y veraz de los elementos con que cuentan para informar a la opinión pública. Solo ello les permitirá que la preferencia del público no sea efímera.

 

Finalmente, en el ámbito que nos ocupa, los profesionales de la comunicación debemos separar la paja del trigo. No dejarnos sorprender por los  que persiguen, con cualquier aparente  novedad un fugaz momento en  pantalla, programa radial o página escrita. Este proceder ha desgraciadamente redituado temporalmente, incentivando su contribución a la degradación del quehacer público lo que conduce, como lo señalamos al inicio, a lesionar nuestra convivencia al punto de un eventual quiebre no deseado.

 

 

 

Christian Paulsen Espejo -  Pando

                                                                                                      Periodista

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