Bajan los delitos pero la sensación de inseguridad aumenta. Una paradoja cuya explicación responde a variables sociológicas que requieren un análisis de detalle al igual que las encuestas que la sustentan.
La realidad indica que en el año 2010, en la Región del Biobío, los hogares victimas de delitos alcanzaron al 31 %, cifra inferior, en 5,5 puntos la de 2009. El descenso si se la compara con el año 2005 (41,1%) es evidente.
Sin embargo el índice no deja de ser elevado si se considera que tras las regiones de Antofagasta (31,4%) y Tarapacá (46,8%) el de nuestra Región es el tercero más elevado del país.
En la encuesta y por orden descendente, en cuanto al número de hechos delictivos, se encuentran los simples hurtos, robo con violencia en las cosas, robo por sorpresa, robo con violencia en las personas y lesiones.
En la Región se observa un 20,5 por ciento que ha sido victima por una sola vez; 9% dos o 3 veces y 1,4%, 4 veces o más.
Otra consideración que cabe es que, a nivel país y considerando los presupuestos relativos a seguridad y justicia, el gasto, por habitante, subió, en cifras redondas, de $130.500 a $133.500. La victimización contra la propiedad disminuyó en el período de 37,5% al 34,2%, disminuyendo en los segmentos medios pero aumentando en los más vulnerables, donde llegó al 17,3%.
Cuando hablamos de seguridad tenemos como objetivo la ausencia de amenazas que la ponen en peligro. Es una condición que puede medirse objetiva y subjetivamente, lo que
equivale a estar libre de violencia y/o de amenazas de agresión o despojo por parte de terceros. Por cierto esta situación ideal no existe pero es una meta, un objetivo a alcanzar a través de políticas públicas que apunten en dicho sentido.
Es evidente que la delincuencia está entre las principales preocupaciones de la gente observándose, curiosamente, que la sensación de inseguridad aumenta. Se señala al efecto que entre los años 2.000 y 2.009 el temor en la población aumentó un 43,5% y es mayor entre las mujeres, las personas de más de 45 años y de nivel socioeconómico bajo.
Otra paradoja: La población carcelaria ha crecido de manera importante, en más de un 50%, desde el comienzo de la década, superando en la actualidad los 50 mil reclusos, 70% condenados y 30% procesados.
Finalmente, otro dato. La tasa de homicidios tiende a descender (delitos graves) frente al hurto, el robo y “robo hormiga” cuyos niveles más altos, según un estudio de la Cámara Nacional de Comercio registra el nivel más alto en Santiago, seguido por Concepción.
La encuesta de Adimark indica que el 47 por ciento de los comercios establecidos fueron víctimas de delitos en el segundo semestre del año pasado lo que obliga a cambios de horario, gastos en seguridad y seguros transformándose, por el encarecimiento de los productos que se expenden, en un impacto a la canasta familiar y obviamente mayor entre quienes cuentan con menores recursos.
En cuanto al fondo del asunto las opiniones son muy variadas comenzando quienes estiman que la victimización o temor a ser objeto de delito se debe a la mayor información de su ocurrencia, lo que despierta la natural aprehensión, en especial si la víctima es alguien conocido o el hecho ocurre en la ciudad o barrio en el que se reside o suele visitarse.
Las encuestas consultan a las personas por su propia experiencia y el conocimiento de situaciones acaecidas en el ambiente familiar, de relaciones y amistades, lo que ciertamente se acerca a datos más duros.
Y comienza una suerte de ranking respecto a cuales son los entes que mayor importancia tienen frente a este fenómeno delictual. Ahí se encuentran los instituciones de seguridad, las municipalidades, el Gobierno en su conjunto, el Poder Jurisdiccional, el Parlamento y , en general, la sociedad toda en la que cada uno de sus integrantes, por su comportamiento, va marcando una huella en la cultura y nivel asociativo de la población.
Por ende la primera responsabilidad en la lucha antidelictual comienza en la familia. De ahí que padres trasgresores sean ejemplo para sus descendientes que suelen seguir su ejemplo.De ahí, también, que la institución formadora: escuela, colegio, liceo ( etapa de mayor receptividad emocional y conductual) sea relevante y los profesores, factor determinante en la conducta del futuro ciudadano..
Cabe mencionar igualmente los factores criminógenos como suele llamarlos el profesor Marcelo Contreras Hauser. Todo aquello que facilita, estimula, incentiva a cometer el delito.Va desde el lugar despoblado, la iluminación, el descuido y falta de resguardo hasta la adopción de costumbres y conductas que suelen vincularse al delito como el consumo excesivo de alcohol, otra drogas lícitas y las ilícitas: mariguana, cocaína, heroína en variadas formas,etc. La adicción impele a los adictos a buscar recursos para satisfacer sus apetitos incluyendo, principalmente, la extorsión, el desfalco, el asalto y el robo.
Es obvio que las policías, los municipios con sus medidas de seguridad ciudadana, las ordenanzas de control del comportamiento social en los espacios públicos, unido a los recursos con que cuenten, estrategias que dificulten la comisión de trasgresiones son elementos a considerar en la disminución cuantitativa de éstas y al mejoramiento del clima de temor frente al delito.







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