Entendemos que el periodismo se encuentra inmerso en el fenómeno tecnológico y cultural de la Sociedad de la Información. Los avances, en el ámbito de las comunicaciones son tan radicales que hoy, a diario, se incorporan nuevos artilugios de fácil manejo que permiten las más insospechadas formas de transmisión de señales, imágenes, sonido y datos, de manera casi instantánea, cualesquiera sea el lugar en que uno se encuentre.
Las barreras que limitan la información y las tradicionales libertades de prensa y opinión se han hecho añicos encontrándonos permeados por volúmenes inimaginables de mensajes a través de redes cuyo entretejido vislumbramos solo en sus inicios.
Por ello no es de extrañar que los multimedios, unidos en sala familiar destinada al efecto o reunidos en móviles pequeños, conteniendo variada información y permitiendo transferirla a distancia, incluyendo localización, textos, gráficos, imágenes y sonido, estén transformando nuestra profesión en términos insospechados.
¿Cuánto durarán los medios de papel, diarios y libros? Consecuencialmente ¿cuanto permanecerán las tradicionales librerías y puestos de diarios y revistas? ¿Libreros y suplementeros? ¿Como se transformarán las actuales bibliotecas, que podrán portarse en un instrumento pequeño, con memoria electrónica y comunicada con fuentes que transmiten millares de títulos? Los grandes Diarios del mundo comienzan a comercializarse en Internet. Cada medio, como este, ya se encuentra on line. La comodidad, el costo y la proliferación de los receptores electrónicos harán su trabajo.
Por otra parte, el fenómeno de las redes sociales es un hecho que comienza a impactar en la historia y desenvolvimiento del quehacer político y cultural. Basta observar lo que acontece en el mundo islámico, fenómeno social catapultado y conducido por estas nuevas formas de expresión y comunicación. Novedades que tienen de dulce y agraz. Permiten expresarse con plena libertad pero no garantizan veracidad, respeto, credibilidad y su lenguaje, en ocasiones, es soez, procaz, evidenciando la ralea de la que emana el autor.
En este mundo, al que accedemos a velocidad inusitada, se requiere que los entes formadores de los profesionales de las comunicaciones asuman el cambio de acelerada transformación que observamos y orienten el rol de estos en el ámbito ético, valores y principios al servicio de la sociedad en la que se insertan, reuniendo, de manera inteligente, oportuna, veraz y sobretodo leal con el público, la gigantesca cantidad de información que nos penetra por todos los poros, entregándola a éste, de la manera más completa, y ecuánime, sin perjuicio del estilo, priorización, tono y presentación, que obedecerá a la personalidad del medio y carácter del comunicador.
Somos igualmente concientes de la responsabilidad social que el comunicador tiene con el entorno en que ejerce su labor. La calidad de vida, la convivencia cívica, la seguridad social, la salud y educación y la libertad, regulada solo en cuanto permita el respeto del mismo derecho de los otros, son valores que deben formar parte del decálogo de quienes integran esta relevante y delicada actividad otorgándoles, por ello, un grado de credibilidad y respeto, y por ende de preferencia, cuando de informarse se trate.
Christian Paulsen Espejo - Pando







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