Que vivimos un proceso de cambios de aceleración autosostenida y creciente, no cabe duda. La comprensión entre quienes deambulamos por la tercera edad y los menores de treinta ya era difícil por el cambio de cultura y hasta de lenguaje. Hoy lo es entre jovencitos de 15 y mayorcitos “ya viejos” de 25.
Hasta hace poco sumábamos con los dedos. Llegaron las calculadoras mecánicas, luego las electrónicas y suma y sigue. Hasta el fax quedó obsoleto. Los teléfonos básicos están desapareciendo. Igual que los computadores tradicionales ya que el not y el netboock lo están dejando fuera. Solo sirven a profesionales. Para que hablar de las pantallas y el mundo digital que se nos viene encima.
Este cambio constante nos inquieta, nos deja por momentos perplejo y desorientados. Lo que antes necesitaba un siglo para variar hoy acontece en un año.
Todo ello influye de manera gravitante en nuestro quehacer cuotidiano. Impacta nuestra mente, modifica nuestras costumbres y la sociedad a la que aspiramos cambia constantemente de paradigma agrediendo nuestros valores, afectando con argumentos tentadores nuestros principios.
Y el mundo de las comunicaciones nos invade con imágenes y sugerencias que impulsan nuestra mente y sentidos.
El riesgo que en el pasado representaban los medios de comunicación para orientar, guiar y disciplinar las sociedades han quedado sobrepasados por las redes sociales cuyo control parece difícil pese a que ya hay quienes se manejan en dicho espacio procurando influir en el comportamiento de las masas, con bastante éxito. Basta ver lo que acontece en el norte de África y España y el éxito en campañas políticas en USA y otros escenarios.
Por lo expuesto hay que estar alertas y no dejarse llevar a comulgar con rudas de carreta. Hay que insistir en la importancia y vigencia de principios y valores como el comportamiento respetuoso en sociedad, la veracidad, la corrección en las actividades profesionales y laborales, sin prejuzgar o menoscabar el principio de inocencia que protege al individuo frente al rumor, la maledicencia , la injuria y la calumnia.
Notamos agresividad en el ambiente, falta de paciencia, tolerancia, ligereza de juicio y violencia a flor de piel. Ya en el pasado no tan lejano constatamos como tales conductas podían afectar no solo nuestra convivencia sino incluso nuestras vidas. Por tanto se impone una cruzada que nos ponga alertas frente a los tiempos que vivimos y que nos mueva a mantener y/o recuperar valores cuya ausencia puede conducirnos a situaciones políticas y sociales con consecuencias lamentables.
Christian Paulsen E-P.
Periodista y Concejal de Concepción







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